La economía del fraude inocente (2004), J.K. Galbraith

Dedicado a mis colegas de la Asociación Fotográfica Robert Capa

El economista John Kenneth Galbraith (1908-2006) pasaba de complicados análisis econométricos, teoría económica y de tecnicismos. Lo que realmente le importaba era el impacto que tenía una determinada política económica en la sociedad. Por otra parte, sus teorías iconoclastas le granjearon numerosas enemistades, como cuando afirmó que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki no acortaron la guerra.

Sus ideas principales están contenidas en su famosa y clásica trilogía. En su obra Capitalismo americano (1952) señala como las grandes corporaciones han desplazado a los pequeños negocios acabando con el mito de la competencia perfecta. En su libro La sociedad opulenta (1958) trata de la opulencia del sector privado y de las desigualdades sociales. En el tercer libro de la trilogía, El nuevo estado industrial (1967), vuelve al tema del enorme control que ejercen las grandes corporaciones en EEUU.

A partir de 1949 fue profesor de economía en Harvard y en 1961 fue nombrado por John F. Kennedy embajador en la India. Como ya habréis adivinado su activismo político estuvo siempre del lado demócrata, apoyando el New Deal de Roosevelt y las tesis keynesianas. A Galbraith le preocupaban los efectos negativos del capitalismo a ultranza, en especial las diferencias sociales que se generan. Es famoso su neologismo “tecnoestructura” que define al grupo de asesores técnicos que aportan su conocimiento especializado, talento y experiencia a la toma de decisiones en las grandes corporaciones empresariales, influyendo en éstas de forma significativa debido a que la propiedad está diluida en miles de pequeños accionistas y un mero 1% del capital puede gestionar la corporación.

La aparición poco antes de su muerte del libro La economía del fraude inocente (2004) fue considerado como una especie de testamento intelectual. Su amenidad, su capacidad de observación y su sentido del humor son muy de agradecer por los legos en temas económicos. El libro destripa las falsedades y eufemismos de nuestra época como “libre empresa”, “sistema de mercado”, “soberanía del consumidor”, “administración de empresas”. Ensalza la creatividad artística del Renacimiento donde no había PIB y el éxito de una sociedad incluía factores más “humanos” como el arte o la literatura.

Como suelo hacer con los libros de economía, dejo aquí algunos de los párrafos que me han resultado más significativos:

“Lo que predomina en la vida real no es la realidad, sino la moda del momento y el interés pecuniario”.

“Son los directivos, y no los poseedores de capital, quienes detentan el verdadero poder en la empresa moderna”.

“El mundo de la publicidad y el marketing, de la televisión y manipulación del consumidor, todo lo cual erosiona la soberanía de este último”.

“Hablar de sistema de mercado como alternativa benigna al capitalismo es presentarlo bajo un disfraz anodino que oculta una realidad más profunda: el poder del productor para influir, e incluso controlar, la demanda del consumidor”.

“El hecho de que el mercado esté sujeto a una dirección corporativa hábil y completa ni siquiera se menciona en la mayor parte de los cursos de economía”.

“Lo que cuenta no es la educación, la literatura o el arte, sino la producción de automóviles, incluidos los SUV: he aquí la moderna medida del éxito económico y social”.

“Los logros artísticos, literarios, religiosos y científicos que constituyen lo mejor del pasado humano surgieron en sociedades en las que tales avances eran la medida del éxito. El arte de Florencia, la maravillosa creación que es la ciudad de Venecia, las obras de William Shakespeare, Richard Wagner o Charles Darwin, surgieron en comunidades con un PIB muy bajo”.

“La palabra trabajo describe algo que es obligatorio para unos y, al mismo tiempo, la fuente de prestigio y remuneración que otros disfrutan (…). Resulta evidente que utilizar el mismo término en ambos casos supone un fraude”.

“Mientras el trabajo se considera esencial en el caso de los pobres, el que los ricos se libren de él es visto como algo encomiable”.

“La remuneración depende en gran medida del número de subordinados que uno tiene, y la vida es más agradable y más práctica cuando el pensamiento y la acción se delegan en quienes se encuentran en niveles inferiores”.

“El enriquecimiento legal de los directivos a través de remuneraciones millonarias es un fenómeno común, presente en todas las grandes empresas. No resulta sorprendente, puesto que son éstos quienes establecen su propia retribución”.

“Los accionistas, esto es, los propietarios, y sus supuestos representantes, los miembros del consejo de administración, están subordinados por completo a la dirección”.

“He aquí el hecho fundamental del siglo XXI: un sistema corporativo basado en un poder ilimitado para el auto-enriquecimiento”.

“Quienes hacían las previsiones estaban bien pagados, pero sus honorarios no eran del todo inocentes: en el caso de estas empresas, las ganancias financieras derivaban también en un cuidadoso intento de elevar y recompensar las expectativas creadas”.

“La contribución menos esperada a las prácticas oscuras e incluso criminales fue la proporcionada por la contabilidad corrupta”.

“La dirección lo controlaba todo; los propietarios eran irrelevantes; algunos auditores se mostraron dóciles. Las stock options servían para enriquecer a los implicados y ocultar ligeramente el golpe”.

“Más importante todavía es que se comprenda que un buen comportamiento corporativo y una regulación eficaz benefician en gran medida el interés público”.

          J.K. Galbraith fue doctor honoris causa por más de cuarenta universidades y recibió de Bill Clinton la medalla de la libertad, la más alta condecoración civil de EEUU. Murió en 2006 a los 98 años. ¿Qué hubiera dicho de la crisis económica que comenzó un año después?

 

 

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2 respuestas a “La economía del fraude inocente (2004), J.K. Galbraith

  1. Me encantan sus ideas acerca de los directivos, las comparto totalmente y voy a incorporar varias de ellas a mi repertorio. Hay una que me ha llamado la atención por contener un error que quizás no lo sea: “Son los directivos, y no los poseedores de capital, quienes detentan el verdadero poder en la empresa moderna”. Quizás el verbo en el original fuera “ostentar” y no “detentar”, pues este segundo significa “ejercer un cargo de modo ilegítimo”, y sin embargo, la frase tiene aún más sentido con el mismo. Saludos.

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